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Data GovernanceAnálisis

Costa Rica lanza hoja de ruta de 36 meses para gobernanza de datos en salud pública

LR
La Redacción
10 de sept de 2026 · 6 min de lectura
Costa Rica lanza hoja de ruta de 36 meses para gobernanza de datos en salud pública

Costa Rica formalizó una hoja de ruta de 36 meses para implementar gobernanza de datos en su sistema de salud pública, según se informó a principios de septiembre de 2025. La iniciativa posiciona al país como uno de los pocos en América Central con un plan estructurado de data governance sectorial, y su diseño —centrado en calidad del dato, interoperabilidad y roles de ownership— ofrece una referencia concreta para la región.

El plan costarricense articula tres horizontes temporales: el primero enfocado en diagnóstico de madurez y definición de roles (data stewards, data owners); el segundo en implementación de un catálogo de datos clínico-administrativos y mecanismos de calidad; y el tercero en interoperabilidad con sistemas externos y medición de impacto. La secuencia sigue una lógica reconocible para cualquier practicante del DAMA-DMBOK: primero se establece el who antes del how, evitando el error frecuente de implementar herramientas sin estructuras de accountability previas.

Qué implica una hoja de ruta sectorial en salud: roles, calidad y catálogo en 36 meses

El sector salud es, en términos de gobernanza de datos, uno de los más complejos: combina datos clínicos sensibles, sistemas heredados de décadas, múltiples actores (hospitales, clínicas, laboratorios, aseguradoras) y marcos regulatorios de privacidad que restringen el flujo de información. Diseñar un roadmap para ese entorno en solo 36 meses es ambicioso. La clave estará en si Costa Rica logra asignar data stewards con autoridad real sobre dominios específicos —historia clínica electrónica, facturación, epidemiología— o si los roles quedan como títulos formales sin capacidad de decisión sobre el dato.

Según se informó, el plan contempla también la definición de métricas de calidad del dato aplicadas a los registros hospitalarios, un área donde los sistemas latinoamericanos suelen acumular deuda técnica significativa: duplicación de pacientes, campos vacíos en registros críticos, inconsistencias entre sistemas de admisión y facturación. Sin una baseline de calidad documentada, cualquier iniciativa de analítica o interoperabilidad queda sobre arena.

Brasil, Colombia y Chile: tres modelos de gobernanza en salud pública con distinto grado de avance

Costa Rica no parte de cero en el contexto regional. Brasil opera desde 2020 la Rede Nacional de Dados em Saúde (RNDS), impulsada por el Ministerio de Salud, que establece estándares de interoperabilidad basados en HL7 FHIR y exige a los establecimientos adherirse a un modelo de datos federado. La LGPD (Lei 13.709/2018) actúa como piso normativo para el tratamiento de datos sensibles de salud, clasificados en el artículo 11 como categoría especial con restricciones específicas de base legal. Brasil es hoy el caso de mayor escala en la región, aunque la heterogeneidad entre estados federales genera inconsistencias de implementación.

Colombia avanzó con la Política Nacional de Datos de Salud del Ministerio de Salud y Protección Social, apoyada en la Resolución 866 de 2021, que establece estándares técnicos para la interoperabilidad del sector. La Ley 1581 de 2012 (régimen general de protección de datos) y su decreto reglamentario 1074 de 2015 proveen el marco para el tratamiento de datos sensibles, aunque persisten vacíos en la aplicación sectorial específica para salud. Chile, por su parte, avanza con el proyecto de nueva Ley de Protección de Datos Personales —ya aprobada en el Congreso y en proceso de implementación reglamentaria— que incorpora un régimen reforzado para datos de salud, y con el Plan Nacional de Salud Digital 2030 que contempla componentes de interoperabilidad, sin que se haya formalizado aún un marco de gobernanza de datos con la especificidad del costarricense.

En ese mapa, el diferencial de Costa Rica no es el tamaño ni el presupuesto —la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) opera en un país de cinco millones de habitantes— sino la existencia de una hoja de ruta documentada, con fases, entregables y, según se informó, mecanismos de seguimiento. Esa granularidad es exactamente lo que suele faltar en los planes regionales de transformación digital en salud, donde las declaraciones de intención superan ampliamente a los planes de ejecución.

El modelo CDMC del EDM Council como referencia para medir madurez en salud

Para los equipos de gobernanza que quieran benchmarkear el plan costarricense —o diseñar uno propio—, el Cloud Data Management Capabilities (CDMC) del EDM Council ofrece una estructura de 14 capabilities distribuidas en seis categorías, varias de ellas directamente aplicables al sector salud: control de acceso a datos sensibles, linaje, calidad y catalogación. El CDMC fue diseñado inicialmente para el sector financiero, pero su adopción en salud crece porque permite demostrar compliance con reguladores sin necesidad de reconstruir el marco desde cero. Alternativamente, el Marco de Referencia de Gobernanza de Datos de DAMA International (DMBOK2, 2017) provee las once áreas de conocimiento que cualquier roadmap sectorial debería mapear antes de fijar cronogramas.

Un error frecuente en iniciativas similares en la región es saltear el diagnóstico de madurez —usando, por ejemplo, el Data Management Maturity (DMM) del CMMI Institute— y pasar directamente a la adquisición de herramientas de catalogación o calidad. El resultado es predecible: plataformas sin adopción, data stewards sin autoridad y presupuestos consumidos sin baseline medible.

Qué monitorear en los próximos 12 meses del plan costarricense

Los primeros 12 meses de cualquier roadmap de gobernanza son el filtro real entre iniciativa y programa sostenible. Para Costa Rica, los hitos críticos que valdría observar son: la formalización de los roles de data ownership en la CCSS con mandatos documentados; la publicación del inventario o catálogo de dominios de datos del sistema de salud; y la definición de métricas de calidad con valores baseline para al menos tres dominios críticos (identidad del paciente, diagnóstico, prestación). Si esos tres entregables existen al término del primer año, el plan tiene sustancia operativa. Si no, el riesgo de que el roadmap quede como documento de política sin implementación es alto, un patrón que la región conoce bien.

Para organizaciones de salud en otros países que observen este caso, la señal más valiosa no es el cronograma en sí sino la decisión de hacer explícito el modelo de accountability: quién es dueño de cada dominio de datos, con qué autoridad y medido con qué indicadores. Esa claridad conceptual, plasmada en un documento oficial, es más rara en el sector público latinoamericano de lo que debería.

Nuestro análisis

El plan costarricense merece atención regional no por su escala, sino por su método. En un sector donde “transformación digital en salud” suele significar comprar un ERP o migrar a la nube, formalizar un roadmap de gobernanza con fases, roles y métricas es una decisión de madurez institucional infrecuente en América Central. La pregunta que determinará si este plan es referencia o anécdota es una sola: ¿la CCSS asignó data stewards con poder de veto sobre decisiones de calidad y acceso, o solo creó un comité asesor? La diferencia entre ambos modelos no es semántica; es la distancia entre gobernanza operativa y gobernanza decorativa. Equipos en Argentina, Colombia o Perú que estén diseñando iniciativas similares en el sector público deberían pedir acceso al marco de roles antes de replicar el cronograma.

Un roadmap de 36 meses en salud pública es una promesa institucional: su valor real se mide en los primeros 12, cuando los roles pasan de organigramas a decisiones reales sobre el dato.

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