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Entrevista·Argentina
Camila Carnés

Camila

Carnés

Data Privacy Risk Specialist · Mercado Libre

31 de ago de 2026 · 13 min de lectura

No sé si es una mala recomendación, pero sí es una cultura muy instalada en mi rubro: al ser un nicho de pocas personas, siempre hablan los mismos, se convoca a los mismos, hay poca diversidad e interés por escuchar nuevas ideas. Eso va en contra de mi forma de ser. Yo prefiero proponer y construir, sin dejar de lado el respeto y la innovación.

Por eso, entre otras cosas, fundé Women in Data LATAM: para romper esa lógica. Ahí todas tienen voz y voto. Todas pueden ser speakers, enseñar, aprender, organizar un evento, tirarse flores a sí mismas y crecer en una rama laboral que es difícil, justamente porque somos pocas y el trabajo es escaso. No hace falta esperar a que alguien te habilite: la comunidad se construye entre todas y la competencia te eleva.
¿Qué malas recomendaciones oís en tu profesión o especialidad?
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I.

Diez preguntas para pensar en voz alta: carrera, hábitos y las lecciones que fue dejando el camino.

01

¿Cómo te ha ayudado un fracaso, o lo que te pareció un fracaso, para triunfar luego? ¿Tenés algún «fracaso favorito»?

Mi «fracaso favorito» tiene que ver con el plan de gobernanza de IA que lideramos en Mercado Libre. En cuatro años lo tuvimos que reinventar tres veces. Cada vez que creíamos tener el modelo definitivo —la estructura, los controles, el approach para trabajar con las áreas de negocio— la realidad nos mostraba que no alcanzaba: la tecnología cambiaba más rápido que el framework, o el negocio necesitaba algo distinto a lo que habíamos diseñado.

Las primeras veces lo viví como un fracaso. Habíamos invertido meses de trabajo, de conversaciones, de construir consenso, y de repente tocaba volver a empezar. Pero con el tiempo entendí que no estábamos fracasando: estábamos aprendiendo en tiempo real sobre algo que, en rigor, nadie había resuelto antes. No existía un manual para gobernar IA en una compañía de nuestra escala y velocidad. Cada versión que “no funcionó” nos dio información que la versión anterior no nos podía haber dado.

Lo que más me costó, y lo que más aprendí, fue a separar la frustración de la convicción. Está bien frustrarse cuando algo que construiste con esfuerzo no prospera. Pero la frustración no puede hacerte soltar lo que creés que es correcto. Hoy el framework que tenemos es mucho más robusto que cualquiera de los tres intentos anteriores, y no hubiera sido posible sin pasar por esas reinvenciones.

Ese aprendizaje lo llevo a todo lo que hago: si algo no funciona, no es la señal de parar, es una señal de ajustar sin perder el rumbo.
02

¿Cuál ha sido la mejor inversión o la más rentable que has hecho en tu vida?

La mejor inversión de mi vida fue mi educación, y sobre todo la decisión de no dejar de invertir en ella una vez que ya estaba trabajando. Eso fue lo que me permitió crecer y también lo que me llevó después a devolver ese conocimiento como docente. Es la única inversión que no se deprecia: todo cambia, pero la capacidad de seguir aprendiendo es lo que te permite adaptarte. (Lamentablemente no conocia Bitcoin en 2013 jajaja)
03

¿Qué malas recomendaciones oís en tu profesión o especialidad?

No sé si es una mala recomendación, pero sí es una cultura muy instalada en mi rubro: al ser un nicho de pocas personas, siempre hablan los mismos, se convoca a los mismos, hay poca diversidad e interés por escuchar nuevas ideas. Eso va en contra de mi forma de ser. Yo prefiero proponer y construir, sin dejar de lado el respeto y la innovación.

Por eso, entre otras cosas, fundé Women in Data LATAM: para romper esa lógica. Ahí todas tienen voz y voto. Todas pueden ser speakers, enseñar, aprender, organizar un evento, tirarse flores a sí mismas y crecer en una rama laboral que es difícil, justamente porque somos pocas y el trabajo es escaso. No hace falta esperar a que alguien te habilite: la comunidad se construye entre todas y la competencia te eleva.
04

¿Qué consejo le darías a una persona que quiere adentrarse en el mundo de la protección de datos y la gobernanza de datos?

El primer consejo es que no hace falta venir del Derecho para meterse en este mundo. La protección de datos y la gobernanza son, cada vez más, un cruce entre legal, tecnología y negocio, y algunas de las mejores profesionales que conozco vienen de ingeniería, de sistemas, de ciencias de datos. Lo que importa no es el título de origen, sino la curiosidad para entender cómo funciona la tecnología por dentro y las ganas de traducir eso en algo que la organización pueda usar.

El segundo consejo es que no esperen el “permiso” para empezar. Como decía antes, este es un nicho donde a veces parece que hay que mantenerse en el molde. Mi consejo es lo contrario: metanse en las conversaciones, ofrézcanse para un proyecto, escriban, enseñen algo aunque sea chico, participen de comunidades. Nadie tiene que habilitarte para empezar a construir tu lugar.

El tercero es que se formen todo el tiempo, pero no solo con lecturas: la mejor forma de aprender gobernanza de datos es metiéndose en problemas reales, viendo cómo un negocio realmente usa los datos, dónde están las tensiones entre innovación y riesgo. La teoría te da el marco, pero la práctica es la que te enseña a tomar decisiones con matices, sin ser ni el “departamento del no” ni alguien que no pone límites cuando corresponde. Nunca dejen de estudiar.

Y el último consejo, que para mí es el más importante: rodéense de otras personas que estén en el mismo camino. Este rubro puede ser solitario porque somos pocos, y las comunidades —como Women in Data LATAM, u otras— son las que te sostienen, te abren puertas y te hacen crecer más rápido de lo que crecerías sola.
05

Cuando te sentís agobiada o perdida, o notás que te has desconcentrado, ¿qué hacés?

Pinto, hago cerámica, voy a pilates, salgo a caminar por el parque Saavedra, voy a tomar un café. Trato de desconectarme un rato, es lo que el cuerpo me está pidiendo.
06

¿Podrías compartir tu experiencia respecto a aprender a decir “NO”?

Me costó mucho aprender a decir que no sin frenar al negocio. Al principio, ante cualquier riesgo, mi primer impulso era parar todo. Con el tiempo entendí que eso me alejaba de la mesa de decisiones, y que el verdadero valor está en decir “así no, pero de esta forma sí”: entender qué necesita el negocio y construir una alternativa que mitigue el riesgo sin frenar la iniciativa. Y cuando el no tenía que ser un no real, aprendí a sostenerlo con firmeza, explicando el por qué con números, sanciones, multas, casos reales, midiendo el riesgo por impacto / probabilidad, aunque generara fricción al principio, cuando explicas las cosas en detalle, nadie quiere lo peor para la empresa. Ese equilibrio —ni frenar por default, ni decir sí a todo— es hoy el corazón de mi forma de trabajar.
07

¿Cuál es la mejor compra que has hecho últimamente?

No me lo compre yo, me lo regaló mi hermana, un lienzo para pintar con diamantes mini de las lupes. Me desconecta de las pantallas y desenchufo la mente mientras pego piedritas formando un cuadro.
08

En los últimos cinco años, ¿qué nueva creencia, comportamiento o hábito ha mejorado más tu vida?

Dos hábitos me cambiaron bastante los últimos años. Uno: si algo se resuelve en menos de cinco minutos —un mail, armar la cama, lavar los platos— lo hago en el momento y no lo postergo; dejó de acumularse ese ruido mental de tareas chicas pendientes. El otro: apagué todas las notificaciones del celular, lo que me devolvió el control sobre mi atención en lugar de vivir reaccionando a cada estímulo. En el fondo, los dos apuntan a lo mismo: no dejar que lo urgente pero irrelevante te robe la energía para lo que realmente importa.
09

¿Qué compra de cien dólares o menos ha influido más positivamente en tu vida en los últimos seis meses?

jaja una bolsa de agua caliente jajaj
10

¿Qué libro (o libros) has regalado más y por qué?

No suelo regalar libros, siento que es algo muy personal y prefiero que cada uno encuentre los suyos. Lo que sí hago es prestar los míos, y el que más me piden es Rayuela, de Cortázar. Me gusta pensar que no es casualidad: es un libro que se puede leer de más de una forma, y esa idea de que no hay un solo camino correcto es algo con lo que me identifico.
Ping Pong — parte II de la entrevista
II.

Sin pensarlo mucho: siete preguntas rápidas, para conocer al entrevistado fuera del expediente.

1

¿A qué colega admirás y por qué?

Admiro a muchos colegas, pero si tengo que elegir a quien más me marcó, es Pablo Segura. Y la historia tiene algo de magia:

Corría 2020, yo estudiaba protección de datos por hobby mientras trabajaba en compliance en Zurich, estaba cursando la Diplomatura en Protección de Datos en la Di Tella. En una de las clases tocó él, y contó cómo era el programa de privacidad de Mercado Libre. Me acuerdo clarísimo lo que pensé apenas terminó de hablar: “mi sueño es trabajar ahí”. No tenía ningún plan concreto para lograrlo, solo seguí estudiando, metiéndome cada vez más en el tema. Y en 2022, dos años después de esa clase, me llamaron para ofrecerme un puesto en su equipo (al que nunca me postulé, por que sentía que no estaba preparada). Llamalo manifestación, suerte, trabajo constante, probablemente sea un poco de todas. Ahí aprendí el famoso “postulate igual” que vivo repitiendo.

Pero mi admiración por Pablo no se queda en el origen de la historia. Lo que más valoro es que me enseñó y, sobre todo, me dio el espacio para poder ser auténtica y creativa. Me dejó cuestionar todo y construir cosas nuevas, en lugar de simplemente ejecutar lo que ya existía. Ese tipo de liderazgo —el que confía en vos antes de que vos misma confíes del todo— es el que más te marca en una carrera.
2

¿Cuál es la mejor anécdota que has tenido al explicar tu trabajo a alguien que no está familiarizado con la protección de datos?

Me encanta usar el ejemplo de las multas de tránsito de antes: te llegaban a tu casa por correo, con la foto del auto incluida. Y esa foto no mostraba solo la patente, mostraba quién iba adentro. Así, más de un matrimonio se enteró de una infidelidad porque la multa llegó con una foto donde el titular no iba exactamente con quien debía. Es el ejemplo perfecto de por qué importa la privacidad: nadie diseñó ese sistema para exponer infidelidades, pero un dato “inocente” como una foto de tránsito terminó contando una historia que nadie quería contar y generando un impacto negativo irreparable en las personas.
3

Si pudieras ayudar a una persona famosa a proteger sus datos personales, ¿a quién elegirías y qué consejo de privacidad le darías?

La verdad es que me cuesta elegir a una sola persona famosa, porque el consejo que daría es exactamente el mismo que me doy a mí misma, y es algo con lo que convivo en una disyuntiva constante: las redes sociales.

Cada vez publico menos. Tengo todo privado. Y no es por paranoia ni por trabajar en esto, es simplemente que fui encontrando un equilibrio distinto: no necesito que mi vida esté expuesta para sentir que la estoy viviendo. No elimino mis redes del todo —hay algo divertido en tenerlas, en usarlas como archivo personal o para conectar con gente— pero dejé de vivir a través de la pantalla. Publico para mí, no para narrar mi vida hacia afuera.

Si tuviera que dar un consejo a cualquier persona famosa, o a cualquier persona en general, sería ese: la privacidad no es esconderse, es decidir vos cuánto mostrás y por qué. Podés tener redes, podés disfrutarlas, pero la pregunta que siempre me hago es “¿esto lo publico porque quiero compartirlo, o porque siento que tengo que demostrar algo?”. Cuando la respuesta es la segunda, ahí es cuando la privacidad empieza a perder la pulseada frente a la exposición.
4

Si pudieras hackear el tiempo, ¿en qué época histórica te gustaría vivir y por qué?

Siempre digo que me gustaría vivir en la Belle Époque pero después me acuerdo que las mujeres no teníamos derechos y se me pasa.
5

Si te invitan a una fiesta de disfraces, ¿qué personaje elegirías ser y por qué?

En la última fiesta de disfraces que fui, me disfracé de Mia Wallace, la de Pulp Fiction. Me gustan los clásicos, y ese personaje es de los más icónicos del cine: el flequillo, la camisa blanca, el baile del twist. Es fácil de reconocer, pero también tiene esa vuelta de tuerca, un personaje con más profundidad de la que parece a primera vista, no es solo la estética.

Si lo pienso un poco más, hay algo ahí que también me representa: prefiero lo clásico y lo icónico antes que la moda del momento, y me gustan los personajes que, detrás de una imagen fuerte, tienen más para dar de lo que se ve a simple vista.
6

Si tu carrera tuviera una banda sonora, ¿cuál sería la canción principal y por qué la elegirías?

Mi repertorio musical es muy variado —podría haber elegido Pink Floyd, los Beatles, Babasónicos, Charly García o Parcels, escucho de todo un poco— pero si tengo que quedarme con una sola canción para la banda sonora de mi carrera, es “Gracias a la Vida”, de Mercedes Sosa.

Elijo esa canción porque, más allá de lo hermosa que es, habla de agradecer lo que la vida te dio: los ojos para ver, los oídos para escuchar, la voz y el abecedario para nombrar las cosas. También hay algo en esa canción sobre mirar hacia atrás sin resentimiento, agradeciendo incluso lo que costó.
7

¿A qué personaje actual o histórico te gustaría pedirle acceso a todos sus datos personales, aunque sea por un día?

Le pediría acceso al perfil de José de San Martín. Liberó a casi toda América Latina sin internet jaja. Me encantaría conocer al “dato crudo” detrás de la gesta: qué pensaba, qué dudas tenía, cómo vivía el día a día, cómo manejo la frustación o el miedo, más allá de la versión idealizada que quedó en los libros de historia. Hoy podemos reconstruir el perfil de cualquier persona común con datos digitales, pero de alguien como San Martín solo nos quedan cartas y relatos de terceros… me gustaría ver la versión sin curar.
Sobre Camila
Abogada especialista en Privacidad de Datos, Riesgo e IA en Mercado Libre, donde lidero el framework corporativo de Gobernanza de IA en Legales. Fundadora de Women in Data LATAM. Docente, coordinadora de certificaciones internacionales y una convencida de que la innovación y la confianza pueden ir de la mano.

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