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Hidrógeno natural subterráneo: qué es, cómo se forma y cuándo importa

LR
La Redacción
17 de ago de 2026 · 4 min de lectura
Hidrógeno natural subterráneo: qué es, cómo se forma y cuándo importa

El hidrógeno natural —producido por reacciones geoquímicas en la corteza terrestre, sin intervención humana— está captando la atención de gobiernos, empresas energéticas e investigadores como posible fuente de combustible limpio. La pregunta que moviliza millones de dólares en exploración es cuánto hay realmente y si puede extraerse de forma económicamente viable.

A diferencia del hidrógeno verde (producido por electrólisis con energía renovable) o del hidrógeno gris (derivado del gas natural), el hidrógeno geológico —también llamado hidrógeno blanco o hidrógeno nativo— se origina en procesos físico-químicos que ocurren a kilómetros de profundidad, sin costo energético humano. Su existencia no es nueva: geoquímicos como Barbara Sherwood Lollar llevan décadas encontrando trazas en minas profundas. Lo que cambió es el interés en escalarlo.

Cómo se genera el hidrógeno en la corteza terrestre

El mecanismo más documentado es la serpentinización: cuando el agua profunda entra en contacto con rocas ricas en hierro y magnesio —como la peridotita— se desencadena una reacción química que libera hidrógeno molecular (H₂). Este proceso ocurre especialmente en zonas de corteza oceánica y en los bordes tectónicos, pero también en formaciones continentales muy antiguas. En la mina Kidd Creek, en Ontario, el equipo de Sherwood Lollar encontró agua confinada por más de mil millones de años que contenía hidrógeno producido por ese mecanismo. Otra vía de generación es la radiolisis: la radiación emitida por elementos como uranio, torio y potasio rompe moléculas de agua y libera H₂. Ambas fuentes pueden coexistir en una misma formación geológica.

Por qué es difícil cuantificar las reservas globales

Estimar cuánto hidrógeno natural existe bajo tierra es metodológicamente complejo por al menos tres razones. Primero, el H₂ es una molécula pequeña y móvil que tiende a escapar hacia la superficie o a ser consumida por microorganismos antes de acumularse en concentraciones aprovechables. Segundo, los modelos geológicos tradicionales se calibraron para hidrocarburos, no para gases tan ligeros. Tercero, muchas de las formaciones más prometedoras —cratones precámbricos, dorsales oceánicas— están en zonas de acceso difícil o bajo jurisdicciones con baja capacidad exploratoria. La USGS y organismos europeos han comenzado a desarrollar marcos de cuantificación específicos, pero según se informó, las estimaciones publicadas hasta ahora varían en varios órdenes de magnitud.

Cuándo aplica / cuándo NO como fuente energética

El hidrógeno geológico es técnicamente viable como fuente energética cuando se dan condiciones simultáneas: concentración de H₂ superior al 10% en el gas extraído, profundidad manejable para la perforación comercial (generalmente menos de 3 km), ausencia de contaminantes que encarezcan la purificación, y un marco regulatorio que permita la extracción. Mali es hasta ahora el único caso documentado de producción comercial a pequeña escala, con un pozo que según se informó suministra electricidad a una comunidad rural. En cambio, el hidrógeno nativo NO es una solución cuando las concentraciones son traza (menores al 2%), cuando la formación geológica no garantiza flujo sostenido, o cuando el gas está mezclado con sulfuro de hidrógeno o metano en proporciones que hacen inviable la purificación. Tampoco reemplaza —al menos en el corto plazo— la escala que requieren industrias pesadas como el acero o el amoniaco.

América Latina: crátones, rifts y un vacío regulatorio

La región tiene formaciones geológicas de alto interés para la exploración de hidrógeno nativo. El Cratón Amazónico, que abarca partes de Brasil, Colombia, Venezuela y las Guayanas, comparte características litológicas con áreas donde se han detectado emisiones de H₂. La cuenca del Río de la Plata y sectores del escudo brasileño también presentan rocas ultramáficas susceptibles de serpentinización. En Brasil, Petrobras ha declarado interés exploratorio en hidrógeno geológico, aunque sin programas de perforación específicos confirmados públicamente. En Argentina, la Secretaría de Energía incluyó el hidrógeno natural en su mapa de recursos no convencionales emergentes, según se informó, sin que exista todavía un régimen de concesión diferenciado. Esto implica que, en la mayoría de los países de la región, la exploración de H₂ subterráneo quedaría encuadrada bajo los marcos de hidrocarburos existentes —como la Ley 17.319 en Argentina o la Ley del Petróleo en México— lo que genera incertidumbre sobre regalías, titularidad del recurso y obligaciones ambientales.

El estado actual de la ciencia y los límites del entusiasmo

La comunidad científica es cautelosa. Si bien hay consenso en que el hidrógeno geológico existe en cantidades significativas, la distancia entre “existe” y “es extraíble a escala industrial” sigue siendo grande. Los principales grupos de investigación —MIT, ETH Zúrich, Bureau de Recherches Géologiques et Minières de Francia— coinciden en que se necesita al menos una década de exploración sistemática antes de poder hablar de reservas probadas en el sentido que la industria energética da a ese término. El riesgo de sobreprometer es real: el ciclo de entusiasmo-decepción que vivió el shale en varios países latinoamericanos es un antecedente que los formuladores de política deberían tener presente.

Para marcos regulatorios de referencia sobre clasificación de recursos de hidrógeno, el Sistema de Clasificación de Recursos de la ONU (UNFC) publicó en 2023 una guía específica para hidrógeno natural disponible en el sitio de la Comisión Económica para Europa de la ONU (UNECE).

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